miércoles, 1 de noviembre de 2017

La máscara de la muerte roja.


 En este cuento, Poe, nos habla de un país de nombre desconocido, acosado y arrasado por una cruel plaga, la muerte roja. Ésta plaga, muy similar a la peste que asoló Europa en el medievo, devasta el territorio sin ninguna clemencia, hasta el punto de que las ciudades empiezan a quedar despobladas y los campos abandonados, sus víctimas son innumerables, y marginadas, cuando su piel empieza a sangrar, saben que estarán condenados a una muerte inmisericorde.
El rey Próspero, dando la espalda a su reino al borde de la erradicación, de forma egoísta e inhumana, y pensando no ya en su bienestar, sino en su egoísta y ególatra placer y divertimento, se encierra en un palacio fortificado con toda la nobleza. El palacio está bien abastecido, de comida, bebida, seguridad y placeres. Y una vez que la opulenta clase privilegiada del país, de forma irresponsable se atrinchera n el palacio, para dar comienzo a una orgía a la que no esperan poner fin, dando la espalda y olvidando a todos los que padecen la plaga y llenan sus pensamientos de ideas desagradables y molestas. Deciden que nada entrará, ni saldrá de aquel bastión de la satisfacción más egoísta y de la ostentación, así que sellan los gruesos portones, soldándolos por dentro, y se refugian en su fiesta infinita de oro y opulencia.
El rey Próspero utiliza todos sus recursos, que hacen honor a su nombre, y organiza y decora la bacanal con su extravagante gusto personal. Una noche, decide haciendo uso de éste perverso sentido de lo estético y adecuado, organiza un baile de disfraces, una mascarada, y dispone siete salones para dicho evento. Cada uno marcado por una configuración especifica de colores, a saber: Azul, púrpura, verde, naranja, blanco, violeta y rojo finalmente. En la última habitación apenas entran los jaraneros, pues es espeluznante, y para rematar el tétrico gusto de su decoración, la habitación, carente de iluminación, como el resto, y llena de adornos de oro y metales preciosos, está coronada por un gran reloj de ébano, con un sonoro péndulo, que cada hora, resuena con una extraña e inquietante melodía, que pone en suspenso a todos los contendientes de la mascarada.
Cuando tocan doce campanadas, y resuena el tono, extendiéndose más que en las anteriores ocasiones, aparece un individuo disfrazado con una mortaja y una máscara que parece casi el semblante de un cadáver, y que llama la atención entre todos los opulentos disfraces y siembra el horror, por estar salpicado con sangre, haciendo clara alusión a la plaga de la que huyen los cortesanos.
El rey, furibundo ante tal disfraz, manda apresar al individuo que luce tal vestidura, pero nadie se atreve a acercarse a él, pues refleja una tenebrosa y macabra esencia, que les hace caer en un miedo tan atroz que los paraliza, el rey, que gracias a la ira desmedida de tal afrenta puede superar su pavor, se acerca al disfraz andante, con la intención de clavarle un puñal que acaba de desenfundar, pero cuando va a agarrar a su ofensor, cae fulminado y muerto, apenas éste se gira y le mira.
El resto de su corte, testigos de la muerte ocurrida, se lanzan a por la muerte roja, descubriendo en el momento de alcanzarla, que es un disfraz que no tiene cuerpo alguno dentro, y después van cayendo uno a uno en el sitio en el que se encuentran, dándose cuenta, de que no era un disfraz, sino la misma muerte roja la que les visitaba, quedando la macabra habitación sembrada de inertes cadáveres, el reloj de ébano se detiene, y la muerte roja impone su ilimitado dominio de ruina y oscuridad sobre la fortaleza, y todo lo que podía abarcar.
En éste cuento que acabo de resumir, Por nos presenta una opulenta nobleza a la que le dan igual sus vasallos, el pueblo llano y cualquiera que no pertenezca a la posición y posea los recursos que ellos tienen. La epidemia, no es más que algo que resulta molesto porque les distrae de su vida de riquezas y desfase, y con el fin de olvidarla se refugian en la sede del pecado, el palacio creado por el rey Próspero.
El día que el rey organiza la mascarada, ésta tiene lugar en siete salones, que representan los siete pecados capitales, pecados que son sentencia y legado de la corte que está en la cima de aquel país moribundo, estos se ven representados por los colores; Lujuria, avaricia, envidia, gula, pereza, vanidad, y por último ira, en el salón de macabros tintes rojos. La muerte roja lo ha invadido todo, todo el país, y ya sólo quedan los irresponsables cortesanos y nobles que decidieron mirar a otro lado y seguir con sus placeres y pecados ignorando a los que les necesitaban, y poniendo todos sus recursos en aquella bacanal sin fin.
El reloj que organiza el tiempo desperdiciado de estos despreciables seres, actúa como un temporizador, más que como un reloj en sí, y cada vez que da la hora no hace más que contabilizar el tiempo que les queda de vida, por eso su macabra y sonora melodía.
Es tal el desfase que quiere dar a entender Poe, en éste relato, que hace referencia a Hernani, la obra de Victor Hugo, en la cuál tienen lugar mascaradas de este estilo, y que para los lectores de la época sería un referente que les ayudaría a entender lo que quería expresar el escritor bostoniano.

La historia en sí, nos cuenta como una enfermedad ataca a un país, matando a todos y cada uno de sus habitantes sin excepción, y aquellos, que de forma egoísta se refugian y dan la espalda al resto, no hacen sino alargar su agonía, dando lugar a que la muerte roja, vaya a recogerlos en persona, ya que la muerte roja les llegará, es inevitable, tan inevitable, como que un reloj de las horas, como que el tiempo pase. Porque, y es el mensaje principal, que tan claro tenemos, por mucho que queramos engañar, la muerte llega, a todos, e iguala, da igual la condición, clase o los recursos de los que se dispongan, seas pobre, o Próspero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario