miércoles, 1 de noviembre de 2017

Barril de amontillado.




 Éste es uno de los primeros relatos de Poe que leí, y quizá por ello, además de por la grandeza de la literatura que posee, sea de mis favoritos.
La historia nos presenta a un hombre, el narrador de la historia, una vez más en primera persona y narrando hechos ya acontecidos. Éste hombre nos explica que un individuo, de nombre Fortunato, competió una afrenta contra él, que piensa vengar. Desde el principio nos explica que su propósito, su plan, es vengarse de Fortunato, pero no basta con vengarse, debe de hacerlo con total impunidad, acabar con él, y que nunca su castigo se vuelva contra quien lo ejecuta, pues entonces el vengador ya no lo es según sus propias palabras, además lo hace sin despertar ninguna sospecha, trata a Fortunato con el cariño y aprecio que siempre le ha dispensado. Su plan está hilado a la perfección.
Ambos personajes, narrador y víctima, son expertos y amantes del vino, de ésta manera, el narrador decide tenderle una trampa, usando el que cree que es el punto débil de Fortunato, que es un hombre respetado y temido. En los carnavales, Nuestro protagonista se acerca a Fortunato, ya ebrio a esas alturas de la noche, y le explica que ha comprado un barril de amontillado, pero no ha podido probarlo aún, y temiendo haberse dejado llevar por la ganga, cree que ha podido ser estafado, por no haber podido contar con un experto en vinos como es Fortunato en el momento de la compra. Fortunato, impresionado prácticamente le exige al protagonista ir a probar ese barril y averiguar si es o no amontillado. Nuestro protagonista, hace más irresistible la trampa, tentando ésta vez al ego de Fortunato, le alega que sus bodegas son muy húmedas y teme que eso pueda hacerle enfermar, que mejor será buscar a un tal Luchresi, que suponemos experto en vinos y quizás enemigo de Fortunato. La trampa surte efecto y Fortunato entra sólo en ella, arrastrando al protagonista hacía las bodegas al haberse sentido herido en su ego. Mientras bajan a las mismas, el protagonista numerosas veces le dice a Fortunato que vuelvan, alegando la excesiva humedad del ambiente, y quizás por lo casi prohibitivo de la aventura Fortunato siente más y más ganas de seguir adelante, apretando sin saberlo el nudo de la soga que le quitará la vida. Hay que remarcar que la mayor parte de éste relato son conversaciones entre Fortunato y el protagonista, y de ello hay que remarcar a su vez, que son conversaciones genialmente escritas, de un ingenio e ironía excepcional, conversaciones que se llenan de oscuridad al saber nosotros, como lectores cuales son las reales intenciones del protagonista. Hay una clara alusión a los masones, que podría ser muy seriamente estudiada, en busca de algún vínculo entre Edgar Allan Poe, y dicha sociedad. Pero eso es tema de otro artículo, sólo os lo menciono por si os pica la curiosidad.
Finalmente llegan a la trampa, el protagonista le indica a Fortunato que siga hacía adelante introduciéndose en un agujero en una pared, le sigue, y en un momento dado, con una cadena y grilletes que tenía preparado y con suma rapidez, encadena a Fortunato a unas argollas ancladas a la pared, este, borracho y estupefacto no entiende lo que pasa, y pregunta por el infame barril de amontillado. Nuestro protagonista juega con él, se burla de él, y empieza a levantar una pared para emparedarlo vivo. Hilera por hilera va llenando el hueco de ladrillos y argamasa. Y va disfrutando con la creciente agonía y horror de su víctima que va despejándose y entendiendo lo que ocurre. Fortunato primero grita de terror, buscando auxilio, luego agita las cadenas, intentando huir, hasta que simplemente calla, intentando asimilar que le están asesinando, que están clavando la tapa de su ataúd con el dentro y vivo.

Llega un momento que Fortunato estalla en carcajadas, sobresaltando a nuestro protagonista que de todo lo que podía esperar no esperaba tal reacción, cuando decide descubrir de que ríe su víctima, Fortunato le dice que ha sido una buena broma, que eso daría mucho de que hablar con su círculo de amistades, pero que ya es tarde y que le vaya soltando y liberando. Fortunato está completamente desesperado y se intenta agarrar a un clavo ardiendo. Nuestro protagonista y su verdugo, decide burlarse de él, y continua trabajando, hasta que ya sólo le falta una última parte por tapar para acabar con su trabajo. Intenta averiguar, por puro goce homicida, que tal le va a Fortunaro allí dentro, pero éste no da señales de vida, nuestro protagonista, quizás temeroso de que su venganza haya sido más corta y menos cruel de lo esperado, que su víctima haya conseguido encontrar una manera de morir antes de morir inanición o por falta de oxígeno, tira una vela dentro, esperando una respuesta, y entonces oye los cascabeles del disfraz de Fortunato moverse. Sigue vivo, pero ahora está completamente callado, ha perdido toda esperanza de sobrevivir. Nuestro protagonista, quizás por error, o porque todos tenemos aunque sea un poco sólo dentro, siente un resquicio de humanidad, compasión y lástima. Pero decide no prestar atención a esos sentimientos, achacándolos a la humedad del ambiente. Finalmente abandona la escena del crimen, dejando un lugar en el que nadie imaginaría que hay oculto un cuerpo. Y cuando está cerca de salir de la bodega oye los gritos desesperados de Fortunato, enloquecido de impotencia y rabia, sabedor de que va morir y no puede hacer nada para evitarlo. Él decide hacer una última burla a su víctima, decide gritar, más fuerte, hasta tapar los gritos de Fortunato, quitándole hasta el derecho de hacer que su rabia sea oída por su verdugo...

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