miércoles, 1 de noviembre de 2017

El corazón delator.


 El cuento que tenemos a continuación sigue la línea que hemos estado viendo en la narrativa de Poe. Un relato introspectivo. Un personaje nos cuenta su desventura ya pasada, pero con tal viveza, que parece que estuviera pasando actualmente. Y perdonen, queridos lectores mi pobre análisis literario, una vez más.
El sujeto empiece contándonos que siempre ha sido nervioso. Y nos cuenta, una serie de detalles concretos, que nos ponen en el contexto argumental, él, cuidaba de un anciano, siempre lo había tratado de forma decente, pero en el último tiempo le desquiciaba, le hacía perder los nervios, y entonces, cae en la cuenta, como si lo hubiera visto ahora, por vez primera que se debía a un ojo que tenía, por la descripción que nos da, afectado por cataratas. La psicosis del protagonista con el anciano y su ojo, es tal, que empieza a colarse, cuando el susodicho duerme, en su habitación, y observa que su ojo esté cerrado y que el dueño del mismo duerma.
Nos explica, como intentando justificar la existencia de su cordura, la meticulosidad con la que entraba poco a poco en la habitación e iba destapando una pequeña parte de una linterna, hasta iluminar con un pequeño rallo de luz, el ojo del anciano.
Pero una de esas noches, en su fantasía delirante, mientras vigila al anciano, el sujeto, deja escapar una muy tenue risa, sabedor de su pleno poder sobre el anciano, tal gesto, lo despierta, y oye como se mueve en la cama. Está seguro de que lo ha oído moverse, todo su cuerpo está en tensión y todos sus sentidos están atentos a percibir el más mínimo indicio de que el anciano sepa que está siendo observado. Nuestro protagonista entonces decide entrar en la habitación, y el anciano oye el chirriar de las bisagras de la puerta, irguiéndose hasta quedar sentado en la cama, tras preguntar "¿Hay alguien ahí?" El sujeto nos deja la siguiente frase, cuando reconoce un leve quejido que suelta el anciano, aterrorizado por saberse observado.
"El ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge"
El sujeto expresa en su narración que sabía que el anciano estaba aterrorizado, porque conocía muy bien el temor que había manado de él con ese quejido.
Entonces cuando pasa, quizás una hora, en la cuál el anciano está acostado y nuestro protagonista al pie de su cama, esperando y observando pacientemente, el sujeto, empieza a captar un sonido, un sonido reiterado, repetitivo, reconoce en él, el sonido de un corazón latiendo, del corazón del anciano, latiendo fuertemente por culpa del miedo. "Lo que toman erróneamente por locura es una excesiva agudeza de los sentidos".
Finalmente nuestro protagonista, como tantas otras veces destapa una pequeña parte de su linterna a fin de iluminar al anciano, dando con extrema precisión, con el pequeño halo de luz en el ojo deforme del anciano que está abierto, esto le lleva al borde de la locura, destapando por entero la linterna, lanzándose con un grito contra el anciano y matándole de la misma. Y entonces, ese tamborileó cardíaco, enmudece, las ventanas están cerradas y las persianas echadas, lo único que preocupa a nuestro protagonista es que algún vecino haya podido escuchar el corazón del anciano resonando con tal estrépito.
Ahora, ya calmado, nuestro protagonista con extremo cuidado y meticulosidad, descuartiza el cuerpo del anciano y lo oculta bajo las tablas que conforma el suelo de la habitación del difunto. Al poco tiempo de haberlo hecho, llaman a la puerta, nuestro protagonista acude y encuentra a la policía, alertada por algún vecino que ha oído gritos. Rápidamente el sujeto se excusa explicando que tuvo un mal sueño, e invita a los policías a entrar, para que examinen la casa. Cunado estos preguntan acerca del paradero del anciano. Nuestro protagonista, les explica que ha ido a pasar unos días al campo. El sujeto se siente tan a salvo, tan seguro, tan confiado de si mismo, que invita a los agentes a descansar un poco, trayendo unas sillas a la habitación del anciano, y poniendo la suya, precisamente encima de las tablas que cubren los restos de su víctima.
Empieza una conversación en la que el sujeto participa con resuello. Todo transcurre para su propia dicha, con normalidad, pero de repente, la compañía se le hace incómoda y el ambiente se enrarece, un zumbido empieza a acosar al sujeto, y esto se refleja en sus sienes que se cargan con una contundente cefalea.
Consigue distinguir el origen del zumbido, que a su entender no se encuentra en sus propios oídos, sino que provienen de los restos del anciano, debajo del suelo. Es el corazón, vuelve a sonar, vuelve a latir de nuevo, cada vez más deprisa, cada vez más fuerte. Nuestro protagonista empieza ha hablar más alto, mientas se pregunta porque no cesan los latidos, porque lo policías no desaparecen porque no le puede dejar todos tranquilos, casi grita, pisa el suelo, intenta camuflar el sonido, arrastra la silla, se levanta y anda por el suelo pisando con fuerza, pero el corazón sigue latiendo, más deprisa, más fuerte, el sonido es ensordecedor... El sujeto mira a los policías que le miras con expresión divertida a su entender, a su juicio saben lo que está pasando, desde hace mucho, y se burlan vilmente de su sufrimiento, ¡Pues no lo piensa permitir, de ninguna manera! Y acaba gritándoles, su confesión, descubriendo su plan y su vil asesinato. Engañado por los latidos del corazón, quizás, hasta de su propio corazón amplificado por su nervio, por su paranoia, o por quien sabe, su propia locura.

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