El cuento que tenemos a continuación sigue la línea que hemos
estado viendo en la narrativa de Poe. Un relato introspectivo. Un
personaje nos cuenta su desventura ya pasada, pero con tal viveza,
que parece que estuviera pasando actualmente. Y perdonen, queridos
lectores mi pobre análisis literario, una vez más.
El sujeto empiece contándonos que siempre ha sido nervioso. Y nos
cuenta, una serie de detalles concretos, que nos ponen en el contexto
argumental, él, cuidaba de un anciano, siempre lo había tratado de
forma decente, pero en el último tiempo le desquiciaba, le hacía
perder los nervios, y entonces, cae en la cuenta, como si lo hubiera
visto ahora, por vez primera que se debía a un ojo que tenía, por
la descripción que nos da, afectado por cataratas. La psicosis del
protagonista con el anciano y su ojo, es tal, que empieza a colarse,
cuando el susodicho duerme, en su habitación, y observa que su ojo
esté cerrado y que el dueño del mismo duerma.
Nos explica, como intentando justificar la existencia de su cordura,
la meticulosidad con la que entraba poco a poco en la habitación e
iba destapando una pequeña parte de una linterna, hasta iluminar con
un pequeño rallo de luz, el ojo del anciano.
Pero una de esas noches, en su fantasía delirante, mientras vigila
al anciano, el sujeto, deja escapar una muy tenue risa, sabedor de su
pleno poder sobre el anciano, tal gesto, lo despierta, y oye como se
mueve en la cama. Está seguro de que lo ha oído moverse, todo su
cuerpo está en tensión y todos sus sentidos están atentos a
percibir el más mínimo indicio de que el anciano sepa que está
siendo observado. Nuestro protagonista entonces decide entrar en la
habitación, y el anciano oye el chirriar de las bisagras de la
puerta, irguiéndose hasta quedar sentado en la cama, tras preguntar
"¿Hay alguien ahí?" El sujeto nos deja la siguiente
frase, cuando reconoce un leve quejido que suelta el anciano,
aterrorizado por saberse observado.
"El ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el
espanto la sobrecoge"
El sujeto expresa en su narración que sabía que el anciano estaba
aterrorizado, porque conocía muy bien el temor que había manado de
él con ese quejido.
Entonces cuando pasa, quizás una hora, en la cuál el anciano está
acostado y nuestro protagonista al pie de su cama, esperando y
observando pacientemente, el sujeto, empieza a captar un sonido, un
sonido reiterado, repetitivo, reconoce en él, el sonido de un
corazón latiendo, del corazón del anciano, latiendo fuertemente por
culpa del miedo. "Lo que toman erróneamente por locura es una
excesiva agudeza de los sentidos".
Finalmente nuestro protagonista, como tantas otras veces destapa una
pequeña parte de su linterna a fin de iluminar al anciano, dando con
extrema precisión, con el pequeño halo de luz en el ojo deforme del
anciano que está abierto, esto le lleva al borde de la locura,
destapando por entero la linterna, lanzándose con un grito contra el
anciano y matándole de la misma. Y entonces, ese tamborileó
cardíaco, enmudece, las ventanas están cerradas y las persianas
echadas, lo único que preocupa a nuestro protagonista es que algún
vecino haya podido escuchar el corazón del anciano resonando con tal
estrépito.
Ahora, ya calmado, nuestro protagonista con extremo cuidado y
meticulosidad, descuartiza el cuerpo del anciano y lo oculta bajo las
tablas que conforma el suelo de la habitación del difunto. Al poco
tiempo de haberlo hecho, llaman a la puerta, nuestro protagonista
acude y encuentra a la policía, alertada por algún vecino que ha
oído gritos. Rápidamente el sujeto se excusa explicando que tuvo un
mal sueño, e invita a los policías a entrar, para que examinen la
casa. Cunado estos preguntan acerca del paradero del anciano. Nuestro
protagonista, les explica que ha ido a pasar unos días al campo. El
sujeto se siente tan a salvo, tan seguro, tan confiado de si mismo,
que invita a los agentes a descansar un poco, trayendo unas sillas a
la habitación del anciano, y poniendo la suya, precisamente encima
de las tablas que cubren los restos de su víctima.
Empieza una conversación en la que el sujeto participa con resuello.
Todo transcurre para su propia dicha, con normalidad, pero de
repente, la compañía se le hace incómoda y el ambiente se
enrarece, un zumbido empieza a acosar al sujeto, y esto se refleja en
sus sienes que se cargan con una contundente cefalea.
Consigue distinguir el origen del zumbido, que a su entender no se
encuentra en sus propios oídos, sino que provienen de los restos del
anciano, debajo del suelo. Es el corazón, vuelve a sonar, vuelve a
latir de nuevo, cada vez más deprisa, cada vez más fuerte. Nuestro
protagonista empieza ha hablar más alto, mientas se pregunta porque
no cesan los latidos, porque lo policías no desaparecen porque no le
puede dejar todos tranquilos, casi grita, pisa el suelo, intenta
camuflar el sonido, arrastra la silla, se levanta y anda por el suelo
pisando con fuerza, pero el corazón sigue latiendo, más deprisa,
más fuerte, el sonido es ensordecedor... El sujeto mira a los
policías que le miras con expresión divertida a su entender, a su
juicio saben lo que está pasando, desde hace mucho, y se burlan
vilmente de su sufrimiento, ¡Pues no lo piensa permitir, de ninguna
manera! Y acaba gritándoles, su confesión, descubriendo su plan y
su vil asesinato. Engañado por los latidos del corazón, quizás,
hasta de su propio corazón amplificado por su nervio, por su
paranoia, o por quien sabe, su propia locura.

No hay comentarios:
Publicar un comentario