jueves, 25 de julio de 2019

Tras la sombra del brujo. Reseña. Tercer intento.


Y cito:
Aunque su piel era blanca, Julen había nacido en el continente africano y nunca se había sentido extraño allí. Los congoleños (¿En serio tenéis que poneros a saludaros y a poneros al día de vuestra amistad en una puta biblioteca, al lado mío? joder.) Los congoleños tampoco albergaban ninguna aversión hacía él. A pesar de llevar algunos años estudiando en Estados Unidos, seguía (Mira o terminas de desenvolver el puto caramelo o lo guardas pero deja de frotarlo cómo si fuera el insensible clítoris de tu…) seguía amando la tierra que le vio nacer. Regresaba ilusionado a casa de su abuelo, director del Parque Nacional de Virunga, pero no esperaba que su llegada coincidiera con los atraques de un viejo león solitario (Atraques porque se pone hasta el culo de papearse a los congoleños, JAJAJAJAJA, ¿no? ¿Ni un poco? No me miréis así que era broma. Que eeeera bromaaaaa.) Con los ataques de un viejo león solitario y con el temible hechicero Buku incitando a los nativos contra su familia. Tampoco esperaba encontrarse a Élodie, una masái compañera de juegos, convertida en una belleza de ojos brillantes que destacaban en el óvalo oscuro de su rostro (Buku-ku-ku-ku ¡PALOMA! ¿Tampoco os ha hecho gracia éste? Es porque se llama Buku y se parece a la canción esa de… A. Que sí lo habéis pillado, pero no os hace ni puta gracia.) En el ovalo oscuro de su rostro como dos luceros en medio de la noche.”
Bueno mi cita no ha sido exactamente fiel al argumento, es cierto. Es que me he quedado sin batería en el móvil, no me puedo aislar con música y la gente hace mucho ruido. ¿Qué porque no la escucho en el ordenador? Pues muy sencillo, sí, me he dado cuenta de que podría hacerlo, no soy tan bobo. Bueno sí, pero hoy no he caído en algo así. Lo qué pasa es que al meter la clavija del auricular en el orificio de los auriculares, no hace clic. Vale no esperaba un orgasmo por parte de la torre del ordenador, por pornosa que haya sonado la frase anterior, pero un simple “clic” en plan “Me he enganchado bien, Borja, tranquilo”, sí, eso sí. Porque aunque no creo que éste ordenador disponga de altavoces insertados en la torre o en la parte posterior de la pantalla, me moriría de vergüenza si con los auriculares puestos sonara de repente mi música. Menuda pinta de parguelas tendría mientras pienso “Oye esto suena raro ¿no?”Y ante una mínima posibilidad de que eso pase, prefiero no arriesgar.
Vaya descojono se está dando un tío que tengo al lado por cierto. Que show el de hoy.
Si me incomoda esa perspectiva estoy cómo para ponerme a ver porno en la biblioteca ¿sabes?
Mira casi lo dejamos por aquí y empezamos de nuevo.


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