miércoles, 25 de septiembre de 2019
Las reseñas, las obras y el arte.
Llevo varios días dándole vueltas a una cuestión. No sé si en ésta entrada podré zanjarla, explicarla bien o ni siquiera dar una conclusión a lo que pienso. Ni siquiera sé que os voy a decir, si tengo razón al pronunciarme o si lo que digo son una sarta de tonterías. No sé que va a salir, lo único que sé, es que voy a desahogarme y espero que no queráis matarme por ello.
Lo primero; se me acaba de venir a la mente, pero desde cuando ¿alguien debe tener miedo de lo que va a expresar? Es decir yo sé que no me lee nadie. Entre otras cosas porque no publicito este blog, porque sé que a pesar de hacerlo, cómo no soy conocido ni interesante, no voy a conseguir que me lean. Así que directamente no lo difundo. Aún así hay aunque sea un uno por ciento de posibilidades, de que alguien, en algún momento, me lea. Aunque sólo sea una persona. Y por ello elijo cuidadosamente la forma de comunicarme con él, procurando ser educado, amable e incluso encantador, si me da el poco ingenio que tenga. Pero hay una cosa que aunque la hago encantado, aunque supiera que ni un uno por cierto me leería, hago. Y es tener cuidado con lo que escribo. Porque para los creadores de contenido, famosos o no, notables o no, habilidosos o no; Hay algo que les puede hundir. Y es que alguien, que no esté de acuerdo con ellos, o que no les guste su contenido, desate un odio exacerbado hacia lo que crean y les hunda. Les ridiculice, les critique, o se victimice diciendo que algo le ofende, le discrimina o le ataca. Por eso, quienes creamos algo tenemos que tener cuidado de cómo lo expresamos porque puede salirnos caro. Aunque lo expresemos correctamente. Tenemos que caer continuas disculpas latentes en nuestra obra para que si llega una psicópata de la cultura y la información, no nos haga una escabechina ideológica. Porque hoy día si creas algo tienes que tener miedo de las consecuencias. Porque ese tipo de gente que no disfruta de tu contenido, no se limita a no consumirlo e ignorarte. Te ataca por ello, buscando el mínimo pretexto que puedan encontrar en tu obra para desatar su hostilidad. Y por ello debes ir con pies de plomo, con cuidado, porque al crear algo, caminas por el filo de una navaja. Yo lo haré encantado y lo haría aunque esta situación no fuese así. Sólo critico que el ser cauteloso no sea una consecuencia de ser respetuoso con tu público, mayor, menor o inexistente (cómo en mi caso). Sino que sea una consecuencia, de temer a dicho público. Lo que creo que no está bien, porque si tu eres creador de algo y ese algo tiene algo especial, por pequeño que sea... si tiene un mínimo de arte, entonces el mismo muere.
Perdón por el largo preámbulo, pero lo consideraba necesario.
Algunas de éstas inquietudes ya las expresé en el artículo en el que hablaba, no sé si lo habré subido ya y no tengo Internet ahora para comprobarlo, en el que hablaba de esa gente que critica tu obra diciendo que es basura. En fin hable mucho de eso no os voy a dar más la lata con ello. Ahí lo tenéis.
Con esto que cuento quiero llegar desde el miedo a ser creador de contenido, entretenimiento o arte, a dos cosas. El arte y La verdad sobre el caso Harry Quebert. Iremos al segundo antes de pasar por el primero.
Estoy leyendo la verdad sobre el caso Harry Quebert, os comentaré algunas impresiones que vienen al caso, pero tranquilos esto no es una reseña, eso ya la subiré al blog más tarde que temprano, seguramente.
Estoy leyendo el libro; me ha enganchado y hay cosas que me gustan y cosas que no. Un día, leyendo pensé “Dios, esto está a otro nivel” Cómo escritor me sentí mal, yo no tenía ese nivel, tuve envidia sana, algo de bajón pero me alegré porque realmente la obra me llegó y hacía mucho que no me pasaba eso con un libro. A los pocos días sufrí una decepción, llevaba leídas cien páginas y la trama no había avanzado gran cosa. Además, el amor entre dos personajes me parecía bastante tóxico y no sabía cómo el autor iba a resolver esa rama y esa cuestión de manera que me sorprendiera y no me decepcionara (cosa nada fácil) y no me refiero a que arreglara esa relación, sino que si decidía describir un amor tóxico parase de glorificarlo, pues es lo que parecía. Bien, esto que he contado es tan sencillo cómo la siguiente frase. Cómo lector me preocupaba que el primer libro de gran calidad que leía en bastante tiempo no fuese tan bello cómo tras ese momento de placer literario, mis sentimientos lo habían idealizado. Cosa perfectamente razonable, no estoy esgrimiendo una reseña, sino explicando un momento pasado, con unos sentimentos pasados y todo sujeto a cambios propiciados por el tiempo, la lectura y la reflexión. Cometí un error, no obstante. Leí reseñas del libro para conocer la opinión de otros lectores. Encontré reseñas muy buenas y otras malísimas. Todo ésto es para llegar a ellas. Mi error antes de seguir, fue leer esas reseñas, lo quiero dejar claro, porque buscaba hacerme una opinión antes de terminar el libro. Error de tonto en mí al menos, muy grave, lo sé. Si quieres formarte una opinión de algo conoce ese algo y luego crea tu opinión, no busques formar tu opinión a partir de otros juicios pues la misma no será tuya, será de esa gente a la que has escuchado. Se ve que estaba de bajón o algo porque mi personalidad ahí no se lució mucho en ser única y genuina. Pido disculpas (a mí mismo claro, soy el único responsable y afectado) Por suerte, esas opiniones no incluyeron en mí tanto cómo para evitar que crease mi propia opinión; el libro aún no lo he acabado pese a estar muy enganchado, pero tengo otras opiniones a las que llegar y sí, son sobre esas reseñas negativas.
Positivas o negativas, las reseñas se están volviendo algo muy... Muy algo, no quiero definirlo aún. Importante diremos de momento. Al margen de las opiniones de “Es basura” el libro recibía críticas muy malas porque decían que no era arte, sólo entretenimiento. O porque era arte y objeto de estudio. ¿De verdad al reseñar algo hay que decirle a los demás “Oye odia/adora ésto porque es/no es arte? ¿De verdad hay que decirle a la gente que tiene que sentir al leer algo? Quizás yo cometo esa misma falta, si es así, lo siento. De veras, ya he pedido disculpas por posibles comportamientos erróneos en este blog y no tengo mido a volver a hacerlo. Yo diría que el valor de la reseña es conocer la opinión de otras personas. Su opinión, personal y por tanto abstracta. Dependiente únicamente de los valores, juicios y gustos de quien consume ese contenido, que pueden ser distintos, semejantes o incluso contrarios a los nuestros. Por eso la reseña debe, a mi juicio, ser tomada cómo lo que es, cómo una opinión, no cómo una norma. Y cuando esa reseñas pretenden ser norma y no opinión, me parecen, cuanto menos incivicas. Repito, perdón si yo he cometió tal falta., con sinceridad. Es por ese tipo de reseñas y por la gente que en vez de ignorarlas, las obedece cómo si fueran leyes naturales, que los creadores de contenido tenemos miedo. Porque al margen de que sea arte o no, no creo que nadie deba decirle al resto si debe serlo o no. Creo que eso debe ser algo que cada persona decida, por su propio juicio, no por el de otros. No digo que haya que condenar, prohibir o limitar ese comportamiento; digo que no me parece cívico hacerlo, aunque para eso está la libertad que yo defiendo, para hacerlo. Cómo también digo que me parece más aconsejable ignorar tales opiniones. Algo que tiene que ver con dicha libertad, somos libres para hacer nuestro propio juicio, interpretación, para obedecer el de otros, para ignorarlo, para ser cívicos o no, o para hacer lo aconsejable o desestimarlo cómo totalmente desanconsejable.
¿A donde quiero llegar? A que un contenido mayor o menor menté artístico, entrenamiento simple o algo mas, a parte; debe ser para unas personas, aquellas que lo han disfrutado, a las que les ha servido para algo, que les ha hecho reflexionar, pensar, que les ha dado placer, que a despertado su sensibilidad hacia el arte o que simple y llanamente les ha entretenido. Si ese libro, canción, película, pintura o fotografía, no te gusta, en mi opinión deberías ignorarlo, cosa que puedes, nadie te obliga a consumirlo y quien lo haga tiene la culpa él, no el autor del mismo. Porque yo creo que ese contenido va a tener por lo menos una persona a la que le guste. Por lo menos una, aunque sea sólo su autor y si ese contenido tiene alguien a quien le guste, no deberías dar una opinión que busque destruirlo, o extinguir a los creadores de ese tipo de contenido o a sus ganas de hacer ese contenido, provocando una baja de natalidad en el mismo que lo haga desaparecer; pues cuando eso pasa al final quien pierde es la cultura y si pierde la cultura y el arte, perdemos todos.
Porque y es mi opinión, ese tipo de reseñas positivas o negativas que pretenden dictar al resto de personas cómo juzgar un contenido, lo que en el fondo traman es destruir. Si es una reseña positiva que le dice al resto de personas que es arte y deben disfrutarlo, pretende destruir todo lo que no lo imite o siga su corriente, o tome sus vías de inspiración o trate temas similares a los que ese contenido trata y las que son negativas y expulsan a ese contenido del margen de la calidad y el arte; en oposición al primer grupo, buscan destruir ese contenido y el que es afín, similar y sigue su misma línea. En cualquiera de los dos casos, al final, la que pierde es la cultura. Hay formas de crear contenido y hay que ser respetuoso en ello. Pero si no nos gusta, lo que deberíamos es alejarnos, ingnorarlo y a quien si le guste, dejarle que lo disfrute. El arte, creo que es algo subjetivo que cada persona debe juzgar, un ente vivo que no necesita de ningún mortal para vivir y fluir; que por tanto no necesita que ningún juez u experto haga una criba para diferenciar que lo es y que no.
Acabado el caso Harry Quebert; Vamos al arte.
Yo no sé lo que es el arte. Mis opiniones a ese respecto no tienen mucho valor. Hay cosas que aprecio que algunos juzgan cómo arte y otras que algunos juzgan cómo lo contrario; hay cosas que aprecio que incluso son catalogadas cómo basura. Durante un tiempo, quizás por ego, he considerado que tenía sensibilidad artística, que podría diferenciar aunque sólo fuera para mí, pues nadie más necesita de mi juicio, que es arte y que no. Incluso, en un alarde inaudito de arrogancia, he pensado que cómo escritor si me esforzaba mucho y trabajaba hasta la extenuación, podía crear arte en mis libros y relatos. Quizás no en todos, pero si en algunos y durante esa ensoñación, me creí incluso que podría ser artista, fíjense.
Durante la última temporada, en cambio, siendo testigo de estos sucesos descritos aquí y de otros descritos en otros lados e incluso no documentado por mí, lo que era arte, mi sensibilidad artística y mi capacidad para crearlo... se han visto, trastocados. Hasta que el arte, el que es y en que consiste esa palabra, se han vuelto para mí profundamente confusos. Me he sentido avergonzado por esos pensamientos tenidos otrora e incluso ridículo. Ahora estoy confuso a ese respecto y cada día cobra en mí más fuerza la idea de renunciar a que es arte y no, a que yo pueda crear arte tenga o no talento y a simplemente decidir si algo me es grato, si me hace disfrutar, soñar y gozar y llamarlo entretenimiento, pues esos placeres al final consiguen entretener a mi atormentada alma, así no ofendo a nadie más que a los que consideran que el entretenimiento es un cáncer para la cultura y el arte porque no tiene ninguna trascendencia, pero con eso pudo vivir. Cada día ese sentimiento cobra más fuerza, es triste y quizás empobrezca mi mente y mi espíritu. Pero si me atrevo a ser llamado creador de entretenimiento, por muy lejos que llegue, quizás mi vida sea más tranquila que si me hago llamar artista. Es una definición a la que cada día me siento más cercano en ese progresivo abandono y renuncia al arte. Fíjese, quien mi lea, si es que lo hay, que en éste artículo no me he llamado ni un momento artista, sólo creador de contenido. Y que aún así temo las represalias de quienes decidan destruirlo con sus reseñas y opiniones absolutas.
Cada día veo el arte cómo algo más supremacista; algo que diferencia a las personas, que la separa, que crea escalones, privilegiados y no privilegiados, utilizando cómo moneda, la cultura y el conocimiento. Porque si el arte es algo de letrados y estudiosos, no es lo que haga sentir al alma humana una serie de sentimientos casi mágicos, si es algo que no todos pueden ver, ya no por su conocimiento, sino por su talento, entonces es algo que nos separa. Si yo no puedo disfrutar de una película, un vídeo o una canción porque no tengo cultura, porque no la he recibido por mala suerte (que en éste país aún pasa) o porque no tengo el dinero para proveerme de unos estudios superiores (que en éste país pasa) si yo no sé, por esas circunstancias que no dependen más que de mi suerte al nacer en un seno u otro, no sé, cómo decía, que material es artístico o no, al margen de que me haga disfrutar... el arte se vuelve algo para privilegiados que si hayan obtenido ese conocimiento. Si a pesar de si tener esa cultura, yo tampoco puedo saber que es arte o no, al margen de que me produzca placer, porque no tengó talento, sensibilidad o pericia, entonces el arte sigue siendo un elemento distanciador entre las personas, algo que las separa, que crea castas y yo cómo defensor de la igualdad y libertad, no puedo aceptar eso. No digo que el arte sea eso, pero hay personas que si lo creen y puedo ser muy estúpido, pero no tanto cómo para no ser consciente de que en cada cosa que pienso puedo estar equivocado. Por tanto, si yo estoy equivocado y esas personas no, si el arte es eso, entonces yo no quiero formar parte de eso, no puedo formar parte de eso y no voy a formar parte de eso; entonces no tengo ni puta idea de arte. No sé una mierda y por tanto, sólo sé de entretenimiento: por tanto soy un creador de contenido.
Ojalá, poder zanjar ésta entrada aquí, pero por desgracia aquí no acaba la cosa ni esta pobre e improvisada entrada.
Porque ya lo han conseguido, han conquistado el arte, esos poderes superiores, esos individuos e individuas privilegiados se han hecho con él. Hay clases y clases, cómo siempre mas ellos están arriba y el resto abajo... genial; Pero cómo suele pasar con los poderosos ahí no acaba su voracidad, porque la misma es infinita.
Porque no contentos con su éxito, con quitarnos el arte, el criterio para juzgarlo y disfrutarlo, relegados a disfrutar del según ellos del banal, pobre y vacuo entretenimiento, nos quieren quitar también eso. Porque hoy día, tú que no entiendes el arte, defiendes el entretenimiento y eres objeto de burla, sátira y vejación. Porque ese poder superior talentoso e ilustrado, respeta que la gente disfrute del simple entretenimiento. Pero que el problema del entretenimiento es que siempre es igual. Por eso hay que hacer menos entretenimiento y más arte. Porque sino no avanzamos como sociedad.
En resumidas cuentas, nos respetan pero nos lo quitan, porque hay que hacer lo que ellos dicen que es arte para que progrese la gente que lo ve cómo arte, es decir, ellos. Menos de nuestro arte, es decir, el entretenimiento, que nos ayuda y da vida, para hacer más de su arte, para que ellos gocen de ese progreso espiritual, de encontrar sentido a sus vidas con su arte. Ni siquiera hay un Fifty fifty, ni un 50-50, no hay pichi-pichá, no. A nosotros nos dejan disfrutar nuestro arte, siempre que entendamos que hay que aguantar sus irrespetuosas, inquisitoriales y pedantes criticas porque ellos saben y nosotros, tontícos, no. Nos dejan disfrutar de nuestro arte, cómo decía, mientras reducen la producción del mismo, en pos del suyo. Destruyendo con las criticas que mencionábamos antes a los que crean nuestro arte, amargándolos y quitándoles las ganas de seguir. De manera que acaban con el nuestro y ponen el suyo, porque el suyo es arte y el nuestro es entretenimiento. De manera que nos quitan hasta lo poco que nos han dejado, o eso querrían al menos, eso pretenden.
Sólo quiero decir algunas cosas y probablemente, al ser una entrada improvisada y unas reflexiones hechas a medida que escribía, me deje algo, pero una cosa más quiero decir. ¿Qué pasa si los tonticos no lo somos tanto? ¿Qué pasa si por no hacer el ejercicio de pensar que quizás no lo sabes todo, de que quizás estás equivocado, resulta que están cayendo en un grave error? ¿Qué pasa si resulta que hay más arte del que ellos quieren permitir que haya? ¿Qué pasa si lo que ellos catalogan cómo no-arte si lo es? Creo que es una posibilidad que no debería ser desestimada, que no nos podemos permitir un riesgo así. Que en éste mundo esas bajas y perdidas potenciales no son asumibles. Porque con un mundo mayormente ignorante a punto del colapso, desprestigiar y anegar en el olvido lo que podría beneficiar a la cultura, no es una opción.
A lo mejor todos deberíamos pensar un poco, quienes quieran leer esto, tomarlo cómo lo que es, una gigantesca reseña sobre a vida y el cómo es la misma y ni por un momento obedecerla, pues es una opinión personal, no una máxima ni una ley de vida. Porque lo que pretende es que pensemos y que quien la lea se forme su propia y valiosísima por ende, opinión.
Durante mi vida, por corta que sea, he visto numerosos abusos y abusones, evidentes en criminales y matones, en bullers a los que me he enfrentado toda mi vida, desde que harto de tragar dije basta y dejé de ser una víctima de los mencionados. Más sútiles en personas que están un estrato sobre ti y utilizan su poder para minimizarte, un ejemplo serían esos profesores que teniendo el deber de motivar a sus alumnos para que salgan adelante en el mundo académico los someten a burla, presión humillación y se valen del depredador que es una clase llena de adolescentes buscando al eslabón más débil, cómo decía se valen de ello para atacar a alguien y empequeñecerlo. Esos profesores, que tú que eres especial, no por tu talento, por tu inteligencia, ni por tu capacidad, sino por ser una masa moldeable que puede ser moldeada para llegar muy lejos, esos profesores que a pesar de eso, te hacen creer que no vales nada y te condenan a una vida que no mereces, siendo un número más que no tiene valor para un sistema implacable. Ahora esos abusos y abusones, de los que podría hablar en una entrada distinta, cómo ven, utilizan el arte y el contenido cómo una herramienta supremacista y eso no me gusta nada. Porque aunque tengan razón cómo hemos dicho, se están pasando, cegados y voraces de poder y si no tienen razón, está condenándonos a nosotros y a la cultura de una forma muy grav; no soporto los abusones y los abusos, cómo digo y aquí los veo claramente.
En fin lectores, ha sido un inmenso placer escribirles, cómo siempre y aunque no me lea nadie por el anónimato de éste blog, no difundido, espero sus opiniones en la caja de comentarios de abajo, cómo dicen los “Yutubers”. Un saludo muy grande y un besazo, porque hoy me han permitido desahogarme pero bien; muchas gracias por ello y ya saben. ¡A leer!
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
