jueves, 31 de agosto de 2017

Maldita Seas

 Quien no se halla fijado creerá que sus ojos son castaños u oscuros. Pardos o negros. Marrones o brunos. A veces, ser tan simple, tan parco en palabras, debería tener algún tipo de condena, puesto que no se puede describir algo de un millar de millares de matices con una sola palabra o un único término.
Y es que sus ojos son como la madera madura, ennoblecida por un viejo y hábil artesano, que sin ser vieja es sabia, oscura sin ser negra. Brillante sin ser clara. El color de los bosques que narran primitivos cuentos, de las hojas que caen para escuchar el sonido del viento meciéndolas, el color de la corteza más dura y curtida. El color que tienen sus ojos, cuando cuenta historias. Cuando sonríe, o cuando sus labios silban carcajadas.
Sus ojos se oscurecen hasta ser ébano líquido, un color más cercano al negro que a cualquier castaño, pero que sigue siendo un oscuro marrón. Un color que le nace cuando está molesta, cuando sus palabras se vuelven amargas al recordar a alguien que actuó mal pudiendo actuar bien, cuando se enfrenta a ti sin ningún miedo porque así encara ella a las personas. Entonces tan severo como el tono de su voz o su expresión?? sus ojos se oscurecen, en ellos anochece y pobre de ti si eres el responsable y no tienes dónde encontrar refugio.

Sin embargo a veces destellan. Cómo las primeras luces del alba, como pintas de oro en una mezcla de tonos pardos, como las suaves notas musicales nacidas de un viejo y deslustrado piano. Sin perder el tinte de madera centenaria, sin perder el matiz de bosque antiguo y mágico, sus ojos echan chiviritas candentes, clareando sin oscurecer. Ocurre cuando examina la vida, como si hubiera vivido más de una, como si la suya hubiera valido por varias. Cuando parece estar en paz y dejando fluir un profundo torrente de sabiduría por si misma, cuando parece analizar su propia existencia siendo consciente de su patente y aunque futuro y lejano, irrevocable final. Parece leer entre las hebras de la existencia los vaivenes que da la misma; Lo difícil e inútil que resulta aferrarse a un punto, lugar, o persona concreta, esperando que nada cambie. Y entonces se hace consciente de que la vida es una marea para que podamos fluir con ella y evolucionar, aprender y mejorar con la misma. Que es inútil nadar a contracorriente de ese río, pues queramos o no, vamos a llegar a la desembocadura del mismo. Y cuando, en paz, parece llegar a dichas reflexiones, en silencio y con rostro calmado luce maravillosamente sabia y por tanto preciosa. Y entonces comprendes, que esos destellos dorados, no son más que una parte de la magia que la envuelve y que tú puedes percibir, tan notable como la magia que respiran los árboles que nutren las tierras olvidadas de las que ella procede.

lunes, 28 de agosto de 2017

Un trabajo sucio. Reseña.

 Ha caído un segundo libro de Moore. Siento la falta de variedad, pero andaba por la biblioteca lo vi de casualidad y me lo llevé. Que queréis que os diga, me encanta éste escritor y me apetecía echarme unas risas. Vayamos con él.